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Con las estaciones del frío y los cambios de temperatura llegan los temidos mocos. Hay unos utensilios, presentes en la mayoría de las casas con niños pequeños, que se utilizan para aspirar los mocos. En este post respondemos a la pregunta del millón. Empleamos el aspirador nasal, ¿sí o no? La respuesta no ofrece ninguna duda. No, no rotundo. ¿Por qué? Sigue leyendo y te lo contamos.

El aspirador nasal, contra natura

El aspirador nasal va en contra de la fisiología del sistema respiratorio, creado para llevar las secreciones a ser expulsadas por la boca para limpiar mejor y de forma menos perjuiciosa. Cuando extraemos los mocos con el aspirador nasal/sacamocos, aumentamos la presión en el oído, pudiendo dañarlo. Mucho cuidado porque el tímpano puede sufrir.

Además, debido a ese juego de presiones, los mocos no necesariamente salen al exterior, sino que podemos llevarlos a los senos nasales y al oído, donde se acumulan, y pueden provocar infecciones como sinusitis u otitis. Ocurre lo mismo que cuando nos sonamos los mocos, con la diferencia de que si las secreciones están muy cerca del exterior, podemos sonarnos levemente y limpiarlas. Sin embargo, el sacamocos no está diseñado para extraer secreciones cerca del exterior, siempre va a profundizar más ocasionando lo problemitas mencionados.

Alternativa al aspirador nasal

¿Cuál es la alternativa al aspirador nasal? La mejor alternativa al aspirador nasal, cuando hay moquetes, son los lavados nasales. La irrigación nasal ayuda al bebé o al niño a respirar mejor. Además, con esta limpieza evitaremos la acumulación de mocos y las molestias. Lo podemos hacer con suero fisiológico o una solución salina. Entre tanto, os animo a que probéis qué ocurre cuando notamos los mocos en la “zona alta de la nariz” y sonamos.

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